Multitud de personas acuden de inmediato al médico en cuanto tienen fiebre, especialmente padres con hijos, de hecho, el 70% de las consultas pediátricas se deben a ella. Y cuando no lo hacen se automedican tomando antipiréticos para bajarla, aunque la misma no pase ni de los 38.

La fiebre no debe tratarse, sino el malestar originado por la causa de la fiebre.

Esto se debe a la costumbre mal aceptada de considerar la fiebre una patología, la fiebre es ante todo la advertencia de que algo no va bien, no es una patología, y que el organismo se ha puesto en marcha para resolverlo por sí mismo elevando la temperatura interna para activar sus defensas. Numerosos colectivos de profesionales de la salud consideran que tomar antipiréticos es contraproducente en personas sanas salvo que la fiebre pase de los 40.

El uso y abuso del famoso paracetamol e ibuprofeno en estos casos se debe al convencimiento que, si no se hace, la temperatura puede subir descontroladamente y provocar convulsiones, deshidratación, problemas cerebrales e incluso la muerte. No se es consciente que el utilizar estos medicamentos de inmediato impide en buena medida al organismo, que recordemos que se trata de la “máquina más perfecta”, afrontar el problema.

En la literatura médica, a este miedo se le conoce como “fobia a la fiebre”, expresión acuñada en 1980 por el médico Barton Schmitt tras realizar una encuesta entre padres y comprobar se desconocimiento sobre el proceso febril y su papel en el organismo.

A lo largo del tiempo han sido multitud los estudios médicos acerca de este tema y se concluye que “el conocimiento y la práctica de los padres relacionadas con el manejo de los síntomas de la fiebre en niños difiere de las recomendaciones pediátricas”, es más, un altísimo porcentaje de los padres medican a sus hijos ante la fiebre sin contactar previamente con un profesional de la salud.

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria indica lo siguiente:
  • La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones, causadas por virus o bacterias.
  • La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ceguera, sordera ni la muerte.
  • Algunos niños predispuestos pueden tener convulsiones por fiebre, pero el uso de los fármacos no las evita. Nunca se deberían dar fármacos para bajar la fiebre con este propósito.
LA FIEBRE. UN ALIADO.

Debemos entender que la temperatura de nuestro cuerpo es curativa y está perfectamente regulada por el hipotálamo, que en cuanto detecta microbios patógenos da la orden de aumentarla porque la gran mayoría no sobrevive con dos o tres grados más.

Dependiendo de la importancia de la infección el proceso podrá tardar más o menos; horas o incluso días. Por otra parte, cuando el organismo detecta peligro, además de aumentar la temperatura se pone a producir células de defensa (linfocitos, macrófagos, anticuerpos, etc.)

Pues bien, los antipiréticos bloquean algunos de tales mecanismos naturales curativos, luego su uso es absurdo cuando no hay necesidad. La creencia que si se baja la fiebre la persona mejora no es real.

Uno de los miedos más comunes de los padres es el temor a que la temperatura siga subiendo sin control y, sin embargo, en situaciones normales la subida está siempre bajo el control del sistema nervioso central que modula la regulación ascendente del termostato hipotalámico evitando que la temperatura se eleve a niveles peligrosos. Si llega a los 40, acuda o consulte a un profesional de la salud adecuado.

SOLUCIONES.

En suma, si usted o su hijo tienen fiebre, ¡deje actuar al organismo! Descanse, métase en la cama sin abrigarse y de tiempo a su cuerpo. Beba abundante agua de calidad e ingiera una buena cantidad de alimentos vegetales crudos, ecológicos y de temporada, y por supuesto, vigile la temperatura actuando si sube, para lo cual debería aplicar paños mojados con agua fría en la frente y si no fuera suficiente baños en agua templada, y una vez dentro de la bañera abrir el agua fría para bajar poco a poco la temperatura. Pasados unos minutos salga, séquese y vístase, repita la misma operación si es necesario.

En caso de que estas medidas no surtan efecto, y llega a los 40, debería acudir o consultar a un profesional de la salud adecuado.

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